Las enseñanzas de Buda y Tauro
ferran | 09/05/2009 | 14:34
La invocación de ayuda, guía, protección, a una instancia superior es posiblemente el común denominador del hombre en todas las épocas, tradiciones, geografías y culturas. Hemos estado “pidiendo” desde el comienzo de los tiempos. Invoca el chamán en su danza para traer la lluvia; invoca el cristiano del siglo XIV cuando pide que su familia se salve de la peste; invoca un ateo del siglo XXI cuando pide la curación para su hijo con leucemia. Lo que varía según nuestro grado de consciencia, es el cómo y qué invocamos, más que el hecho en si de la presencia de la actitud invocadora.
Cuando la petición asume el carácter de una negociación, como ocurre en las penitencias y las promesas, la comprensión es tan limitada que casi podríamos decir que es nula. Dios es reducido al nivel de mezquindad humana el que sólo se “cierra un trato” si se atiende a un interés egoísta. Cuando la invocación tiene un nivel mayor de confianza como en la propuesta que ha alcanzado un boom masivo de difusión y ventas, la propuesta de emplear la Ley de Atracción de la película EL SECRETO, la comprensión ha aumentado, pero sigue estando atada al deseo. Se pide para satisfacer anhelos, sueños personales, ansias de tener, de conquistar. En esa etapa no está aún claro lo que decía la Madre Teresa: “Se han derramado más lágrimas a causa de las plegarias que reciben respuesta que a causa de las que no la reciben.” En el siguiente estadio se ha encarnado la enseñaza espiritual de Tauro, se está transmutando el deseo en ardiente aspiración, el fuego del corazón permite que sea el ser, el alma quien oficie, y ya no hay peticiones, invocaciones que puedan perjudicar, pues lo que se invoca tiene que ver con las virtudes, con la esencia, con los valores universales. Se invoca una mayor conexión con la luz de la mente superior, con la verdad; se invoca encarnar grados mayores de amor y comprensión para servir mejor; se invoca fuerza y claridad para hacer de la vida algo bello y útil a los demás.
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El Festival Wesak se celebra en reconocimiento de un acontecimiento viviente actual. Se lleva a cabo anualmente, en el momento del plenilunio de Tauro, en el que se trasmite a la Tierra la bendición de Dios, por intermedio de Buda y de Su hermano, el Cristo.







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